He de decírtelo amor mío:
tú has sido para mi la llama,
en ti he amanecido sin apenas sueño.
Contigo he aprendido a mirar al fondo,
a ver que en la espesura del cieno, viven
criaturas con sueños como linternas.
Tu eres la savia. Llegaste a mi cuando la luz
estaba todavía apagada, apenas si podía verse;
me enseñaste a mirar con los párpados caídos.
Todo tu cuerpo: tu cuello, el cálido vientre
donde tantas veces han amanecido mis besos.
¡Cómo inventar la palabra que te defina !
Cómo podría vivir ahora sin ti, sin tus abrazos
sin tus verdes miradas.
Me he acostumbrado a ti, como la vida a la muerte.
Tú, amor mío, mujer que me abrazas y me amas
... ¿Quieres mirarme a los ojos, mientras te miento?.
Antipoeta, otoño-2003